Semana Santa
Colombo: “La Doctrina Social de la Iglesia recuerda que el Estado tiene una misión que cumplir con los más frágiles”
El Arzobispo de Mendoza realizó sesudos análisis con precisión admirable sobre la situación política de Mendoza, los problemas de los discapacitados y contó lo que piensa sobre el desarrollo de la minería.-Además de ser Arzobispo, sos el presidente de la Conferencia Episcopal. Desde ese lugar han fijando posturas críticas y con muchos fundamentos en distintos temas del Gobierno Nacional. La baja de la imputabilidad, sacaron un documento muy bien elaborado, con muchos fundamentos muy buenos, también contra la Ley de Glaciares y ahora están con el tema de discapacitados reclamando que se tenga en cuenta la situación y sobre todo los fondos demorados que hay para los prestadores.
-Sí, ya desde el año pasado en distintos espacios, sea la Comisión Ejecutiva que presido, como la comisión permanente o las distintas comisiones, la de Pastoral Social de la que está a cargo del Monseñor Braida, que era Administrador Apostólico cuando yo llegué como Arzobispo a Mendoza. En estos espacios se ha ido dando la oportunidad de expresar en el nombre de muchos, las inquietudes y las preocupaciones.
Es verdad que las decisiones grandes se han trasladado también a nivel nacional, de manera que un organismo de servicio de la Iglesia como la Conferencia Episcopal que es un instrumento de las Diócesis para una mirada de conjunto sobre la vida social y sobre el camino de la sociedad en la Argentina, está más que motivada a hacerse presente con una palabra que nunca busca hacer una crítica a personas, pero sí tomar en algunos temas, una posición como para expresar aquello que sea la Doctrina Social de la Iglesia, o lo que nuestra conciencia más profunda nos dicta como necesidad.
- ¿Podrías explicar qué es la Doctrina Social de la Iglesia?
-Es un cuerpo sistemático de reflexión que se va enriqueciendo últimamente, sobre todo gracias al Papa Juan Pablo II, al Papa Benedicto y al Papa Francisco, es por eso que adquirió una gran capacidad de referirse a los grandes temas sociales de la humanidad, pero es una doctrina que nace como una resonancia social del Evangelio.
Se nutre después con la enseñanza de los padres de la Iglesia, cuando hablamos de padres, hablamos de esos pensadores especiales que tuvo la Iglesia en el comienzo de todo lo que fue la edad antigua y la edad media. Después hubo distintas expresiones conciliares, León XIII, ahora lo evoca el Papa León XIV, con la cuestión social después de la revolución industrial.
Y a lo largo del siglo XX, sobre todo, y ahora en lo que va del siglo XXI, tenemos el Magisterio de los Pontífices, pero también las presentaciones que hacen los obispos en sus Diócesis o las Conferencias Episcopales o Continentales cuando sobre algunos temas que hacen uso de una referencia didáctica, para que el pueblo pueda entender cómo se aplica a un determinado tema del pensamiento social de la Iglesia.

Hay algunos puntos que se han visto enriquecidos últimamente con el Papa Francisco. Con la encíclica Laudato Si (Alabado seas), por ejemplo, es una formidable exhortación del Papa Francisco, que nos habla sobre todo del cuidado de la tierra, el clamor de la tierra exhausta por la mezquindad humana. También está la encíclica Fratelli Tutti (hermanos todos) y esa apelación a una paz que nazca de un corazón fraterno y que fue hecha también de cara al diálogo interreligioso con musulmanes, con judíos. Es decir, hay una serie de aportes de la Doctrina Social de la Iglesia que tienen que ver con la vida de la humanidad que en algunos está como encaminándose hacia una fragmentación y polarización dramática. El Papa Francisco hablaba de la guerra en pedacitos y hoy el Papa León invita a desarmar las palabras y a una paz desarmada, que quiere decir precisamente una paz que nazca de una mirada distinta sobre los otros.
Un tema que hemos tenido en este tiempo, sobre todo a partir de algunas expresiones públicas de autoridades nacionales, tiene que ver con el concepto de Justicia Social, un concepto que es central en la Doctrina Social de la Iglesia y que recuerda que el Estado tiene una misión que cumplir como expresión de una sociedad solidaria con los más vulnerables, sobre los más frágiles.
No es un Estado que castiga a los ricos, sino un Estado que se hace cargo de que hay algunas desigualdades estructurales, que deben ser subsanadas o asistidas por su acción, a partir de los organismos que el Estado tiene.
-También emitieron documentos con relación al desarrollo de la minería en Mendoza, con San Jorge puntualmente.
-Nosotros venimos desde hace muchos años, mis predecesores, sobre todo monseñor Arancibia y algunos colaboradores suyos, habían tenido ocasión de manifestarse sobre ese tema. Nosotros en el 2019, apenas había llegado yo a Mendoza, tuvimos aquella reforma o prácticamente la derogación de la ley 7722. Fijamos posición en ese momento porque el agua nos parecía que estaba en una encrucijada, la derogación de la 7722 terminaba con una histórica consideración que este recurso había tenido en la sociedad y en el derecho mendocino.
Hicimos todo lo posible, nos expresamos de distintas maneras, cartas abiertas a Senadores y Diputados, al señor Gobernador con el que en su momento, antes y después, y tuvimos una serie de intervenciones, siempre buscando el bien común de los mendocinos.
Últimamente hemos visto que este debate se ha asentado, y queríamos salir de la trampa de minería sí, minería no; para proponer una mirada más aguda sobre qué se podía entender por una minería sustentable, en la que se pusieran a salvo los derechos de las comunidades y el bien general de la población, sabiendo que algunas políticas o algunas decisiones empresarias, sobre todo, podrían -en el futuro- comprometer nuestro bien general.
En este sentido hicimos todo lo posible por animar un tipo de debate superador. No lo logramos, nos parece que hay mucha presión de las puntas y cuesta articular un debate que tenga que ver con una mirada integradora de los puntos de vista, pero sobre todo que deje a salvo los mecanismos de control de parte del Estado, la supervisión de los destinos de las ganancias, si es que las hay, si es que se justifican, teniendo en cuenta lo importante que es la tierra, el agua y el aire.
Tuvimos diálogo en algún momento con el señor Gobernador, que siempre estuvo disponible, nos juntamos dos o tres veces. También lo hicimos con muchas Asambleas que estaban dispuestas a escucharnos.
Tenemos buenos colaboradores en el área porque, naturalmente con mis actuales responsabilidades, se me hace un poco difícil estar en el día a día de algunos debates. Ahí tengo al padre Marcelo De Benedectis con un equipo de personas que son de Mendoza, pero prestan servicio al equipo nacional de la pastoral Aborigen o incluso también a la Conferencia Episcopal Argentina en la Comisión de Ecología Integral.
Inclusive hemos recurrido en nuestro parecer a la ayuda del mismo Vaticano, teniendo en cuenta lo que es la Comisión Pontificia para América Latina, que es un organismo muy importante del cual era presidente el Papa León cuando era el cardenal Prevost como Perfecto de los Obispos.
La verdad es que quisimos abrir el juego a todos los debates, y como pasó últimamente, nos dimos cuenta de que hubo gente que quedó sin hablar, sin expresarse, y en todo caso siempre queda ese dolor, o ese sufrimiento de no haber podido ser totalmente escuchados.
Creo que de parte nuestra hubo un buen diálogo con los distintos sectores, vimos buena predisposición del Gobierno para entendernos, inclusive cuando prestamos el espacio de la Iglesia en Uspallata para que se realizara la audiencia popular, buscando evitar que la gente quedara abandonada o excluida de un espacio de escucha comunitaria.
El tema no está cerrado, yo creo que una y otra vez, vuelve sobre nosotros una cuestión de conciencia de cómo hacer para que de verdad sea escuchado el clamor de la tierra, la necesidad de la gente, y que los empresarios puedan expresarse de verdad o hacer una opción decidida por una por una actividad sustentable.
A veces cuando se fuerza el debate o el diálogo, nos damos cuenta que hay gente que se corre como diciendo, "Bueno, hasta acá puedo llegar, más que esto no puedo prometer." Y este es el problema.
- ¿Cómo ve la política local y su dirigencia?
-Mendoza es una provincia con una trayectoria con una histórica institucionalidad, que siempre ha sido ponderada. Hoy está más expresada en un liderazgo visible, notorio y consolidado en el señor Gobernador. Él es un hombre muy preparado, culto, que se ha formado en nuestra Universidad, que tiene sectores que se articulan con su modo de pensar o su modo de actuar.
Creo que falta consolidar en este momento, una oposición que haga propios algunos valores de otro orden, o de otra constelación de pensamiento, de pertenencia ideológica. Hay una gran fragmentación en la oposición. Y últimamente, sobre todo, aparece la irrupción de la política nacional con esta propuesta de una consideración, sobre todo de la vida económica, como rectora de la vida social y política; una tendencia a extender un concepto de libertad que, en realidad en muchos casos, significa una actuación sin consideración de algunos valores fundamentales.
Hay que tener clara la responsabilidad del Estado, la necesaria cercanía del Estado a los más vulnerables y el respeto hacia posturas diversas o diferentes en vistas a construir desde otro lugar consensos e imaginar la marcha de la vida social.
- ¿A Mendoza cómo la ves? Ya llevas 8 años aquí.
-Estoy a gusto, amo Mendoza, he llegado a querer mucho a las comunidades, tengo muy buena relación con muchas personas de distintos sectores, de distintas proveniencias. He tenido la posibilidad de reconocer espacios de diálogo con muchos sectores y creo que hay una Mendoza que no se anima a explicitar los puntos de conflictos. Es como que se llega a un momento de la expresión que no se consolida en una manifestación pública. Lo veo en muchísima gente que piensa cosas, que tiene ideas, pero que quedan en el plano de la familia, del grupo de amigos, a lo sumo en el espacio institucional propio, pero a la hora de hacerlo visible en una forma de participación política, se echan atrás.
- ¿Por qué cree que pasa eso?
-No sabría decirlo, hay quizás algún elemento de comportamiento de ver a la política como algo malo. Creo que fue en ese sentido fue muy lúcido lo que dijo el Gobernador en la inauguración de una escuela en Maipú. Allí, hablando sobre la política, el gobernador reivindicaba la naturaleza de la política.
Creo que, en ese sentido, fue un buen trazo grueso de algo que es importante. ¿Qué pienso yo? Que hay una nobleza propia de la actividad política que debe ser siempre subrayada. Y en todo caso lo que subyace como contenido potencial de corrupción, de autoritarismo, son los riesgos, pero nunca hay que ver como que la política es así siempre, la participación política tiene una dignidad propia que hace que el que la ejerce en bien del pueblo, debería siempre estar con ella siempre con ese concepto del servicio y no sentirse el único dueño de la verdad. Siempre digo que la actividad política tiene una nobleza que la hace necesaria, imprescindible. Y cuando eso no sucede se generan entonces espacios autoritarios o se genera una indiferencia de la gente que es muy peligrosa. Cuando uno deja que otros decidan por uno, sin haber podido hacer conocer el propio parecer, corremos el riesgo de que se vaya declinando la riqueza de una realidad que es mucho más importante construirla entre varios que dejarla librada a una persona, o a una ideología con fecha de vencimiento.
-Y con relación a la pobreza y drogadicción.
-Hay como un endiosamiento de encuestas que son números que muchas veces no reflejan rostros, situaciones, fragilidades, caídas estructurales de algunos sectores.
Son números caprichosos que a veces tienen más que ver con coordenadas o con o puntos relativos de medición, que ocultan la crisis real. El número de empresas que va cerrando en Mendoza y en el país. La situación concreta del deterioro de la vida, por ejemplo, del sector de los jubilados, todo lo que han sufrido las personas con discapacidad, eso no se ha visto en estos días. En este debate que se ha dado sobre discapacidad, que nosotros ya lo habíamos sostenido el año pasado diciendo que las personas con discapacidad no pueden esperar. Hay un deterioro del aporte real a un sector muy sensible.
En estos días me han llegado cartas, testimonios de mamás, de familias, agradeciendo nuestra expresión pública del tema, historias secretas que no están en las estadísticas, pero que claman al cielo, porque estamos hablando inclusive de profesionales que no pueden llevar adelante su trabajo.
Juntar comida, a lo mejor para una olla, para una institución, puede resultar más sencillo; pero pagar profesionales calificados, ofrecer espacios terapéuticos dignos y eficaces; cuesta plata y esto implica para aquellos sectores que no tienen esos recursos, quedar condenados al ostracismo, así están muchísimas familias.
No todos son esos discapacitados VIP que se han marcado quizás como señalando personas que se han enriquecido, ostentando un carnet de discapacidad. No, no me consta a mí, lo que sí me consta es que hay muchas personas que están muy mal, y que son realmente familias que tienen chicos, ellos le dicen chicos, pero a veces son hombres grandes, mujeres grandes que no pueden ser atendidos.
-Esta noche es la misa de Jueves Santo en Don Orione, ¿precisamente por eso no?
-Sí, la obra de Don Orione tiene muchos años acá en Mendoza y sabemos que es como un rincón muy sentido de atención a los discapacitados, pero hay otros también. Hemos sentido en estos días, en algunos espacios, nombres concretos muy queridos por la sociedad mendocina, que también se ven afectados. En uno y otro caso, en esta obra maravillosa de Don Orione, como en estas obras de la institucionalidad pública estatal o civil, nos damos cuenta que afinar el lápiz y dejar de tenerlos arrinconados como si no existieran.
Concretamente, lo que vamos a hacer es rezar, hoy es un momento religioso, la Semana Santa no lo usamos políticamente, sin embargo, nos damos cuenta que en la oración no podemos quedar aislados, o nuestra oración no puede ser desencarnada, sino visibilizar aquellos dolores que Jesús hubiera atendido en primer término. Hoy están estos estos chicos y chicas, está esta población de la discapacidad.
Pero hay numerosos sectores populares, nombramos siempre los problemas de los jubilados, los problemas con sus medicamentos, sus situaciones terapéuticas complicadas siendo como los más postergados.
- ¿Por qué decidió ser sacerdote?
-Fue una elección vocacional con muchos elementos y entró en juego la historia personal. Me formé de chico en el colegio Salesiano de Almagro en Buenos Aires, y ahí y tuve una infancia muy religiosa, porque los curas salesianos eran verdaderamente geniales, algunos de ellos los recuerdo con mucha emoción. Después vino la adolescencia, mi adolescencia transcurrió durante el proceso militar que en estos días recordábamos.
En esos años había algunas figuras pastorales que eran raras, pero que hablaban de una Iglesia, y sobre todo de un Dios, que a mí me cautivó. Recuerdo, por ejemplo, en mi caso personal a Monseñor Novak, que fue el Obispo que me formó, que me ordenó sacerdote, obispo de Quilmes. Él tenía esa particular sensibilidad hacia el mundo de los más pobres, la causa de la paz y sobre todo esa escucha de los de los familiares de los desaparecidos.
Eso lo posicionó como uno de los obispos que. en ese tema fue particularmente sensible y batallador para saber el paradero de los desaparecidos. Pero también de una Iglesia, estábamos hablando de Sínodo en toda la iglesia, pero cuando entré al Seminario en Quilmes, estaba en curso un primer Sínodo Diocesano de Quilmes que duró desde el año 79 al 83, fue como un proceso de autoconocimiento de una Diócesis para poder hacer su servicio religioso.
Se hicieron las primeras encuestas de hogares, de hecho, algunos estudios que la misma Diócesis hacía sobre la situación de las familias, de su organización social y económica; después fueron utilizados a pedido del presidente Alfonsín para el Programa Alimentario Nacional (PAN) porque no había conocimiento, no había un estudio sobre la vulnerabilidad de esos sectores. En septiembre del año 81, por ejemplo, empezaron los primeros comedores populares o parroquiales en Florencio Varela, que era parte de la Diócesis de Quilmes. Parecía una herejía, parecía una gran ofensa hablar de que en la Argentina la gente se moría de hambre. Habían cerrado muchísimas fábricas en todo ese cinturón del Gran Buenos Aires y era visible la necesidad de acompañar esos procesos. Bueno, todo eso a mí vocacionalmente me motivó. Yo estudiaba abogacía, esa carrera que después pude terminar dentro del Seminario a pedido de Monseñor Novak. Me dijo que la terminara y me dio muchas satisfacciones, más que nada por el marco conceptual o por las posibilidades técnicas de estar presente en determinadas temáticas jurídicas y sociales.
Pero bueno, ya no era el chico, el adolescente que estaba en el colegio jugando a la pelota o participando de la formación con los padres salesianos; era un joven interpelado por la realidad social con una Iglesia, en la persona de Monseñor Novak y de algunos de sus curas, muy sensible en este campo.
-Hoy justo recordamos los caídos en la guerra de Malvinas y también, el mismo día, los 21 años de la muerte de Juan Pablo II, un papa que hizo algunas gestiones para evitar esa guerra. ¿Qué recuerdo tiene de él?
-Es muy personal el recuerdo. Yo estaba en el Seminario cuando empezó la guerra. Estaba comenzando el Seminario. Yo venía de haber terminado el servicio militar 2 años atrás, entonces, a poco de empezar el Seminario fui convocado como reserva.
Así que estuve algunos días incorporado hasta que acreditada mi condición de seminarista. Cuando lo hice me dieron la baja, pero participé de una nueva formación, ya no como aquellos años cuando hacía el servicio militar, sino como potencial soldado. Curiosamente en aquellos años, en ese tiempo se hablaba mucho que íbamos a venir a Mendoza, porque estaba toda esta idea de que, en una hipotética guerra, esta zona necesitaba ser reforzada.
-Por Chile.
-Claro. Así que recuerdo, en aquel momento apareció en mi horizonte la palabra Mendoza. No era que no conocía la provincia, pero aparecía eventualmente como mi lugar de destino de vida. También recuerdo la venida de Juan Pablo II, que traía una conciencia muy honda de lo que estaba pasando. El 11 y 12 de junio del año 82 él nos visitó, la rendición fue el 14. Tenía una visita programada a Inglaterra, no era una visita posterior a la guerra, sino que venía de antes. Entonces tuvo que hacer un gesto de presencia en Argentina, que lo vieran aquí. Eso fue una cosa muy valorada porque hubiera sido dramático ver al Papa visitando Inglaterra, en el momento de la guerra y nosotros como ajenos a esa caridad pastoral.
-Y del lado de los que ganaron.
-Sí, todavía no habían ganado.
-Pero nos iba quedando claro.
-Estaba Claro, vino en el momento en que se estaban dando casi las últimas batallas. Nosotros no éramos tan conscientes de que eran los últimos días. Fue muy fuerte la visita de él, estábamos corriendo de un lado al otro para los eventos donde él estuvo y la palabra de paz que él predicó. Él ya nos había evitado una guerra.
- Sí, contra Chile
-Claro, se ocupó de la mediación con Chile. De manera que el recuerdo del Papa Juan Pablo II, lo pongo como un artífice de la paz, por su propia experiencia de la guerra y por su amor a los pueblos. Esto no quita que no sintamos la necesaria reivindicación de la causa Malvina como nuestra. Esto es muy importante. Nosotros como cristianos no dejamos de pedir la paz, pero también de asegurar nuestra comprensión de que estamos reclamando algo justo que deberá hacerse siempre en terreno de la diplomacia, y por los medios legítimos que tiene la paz. Lo otro es esta esta idea de la guerra, quizás lo que más nos dolió, lo que más daño nos hizo, es que fue una guerra usada para perpetuar un sistema político y económico con mucho daño para el país.
Quizás fue lo que permitió después la llegada de la democracia. Eso es otro capítulo y ahí hay mucho que rescatar de tantos actores que fueron valientes. Comenzaron desde el barro a construir una democracia muy frágil. Toda esa temática tan dura de los derechos humanos que hubo que hacerla de un modo creativo y generoso, como lo hizo el primer gobierno democrático.
- ¿Algo más para decir?
-No, agradecer posibilidad de dialogar sobre temas tan distintos y a la vez tan confluyentes. En esto que, para nosotros como Iglesia, es estar presentes en la historia, no como un grupo de poder, como un sector de presión; sino como parte de la sociedad que anima la vida social. Y que es consciente de que un gran número de argentinos, como parte de la Iglesia, tienen mucho para aportar y nos gustaría que así fuera. Creemos que los valores religiosos, no como una pretensión de imponer una forma institucional religiosa, pero sí en cuanto a valores y en cuanto a criterios, no pueden faltar en la vida de los cristianos que intervienen en política y creemos que eso es algo que todavía nos debemos.
En tiempos donde aparecen expresiones políticas que usan expresiones religiosas para meterse en la política, o en tiempos donde algunos sectores hacen presión para entrar en la política por el lado a veces de intereses muy propios de sus Iglesias o grupos, reivindicar la amplitud de la mirada de los religiosos sobre lo político es nuestro servicio.
