El jueves pasado, la actriz e influencer Florencia Peña se sentó frente a la cámara de LUZU TV y anunció, con tono jocoso y guiada por su producción, el fallecimiento del padre de Lionel Messi. Era falso. Un rumor suelto de X (antes Twitter) dijeron en el canal de streaming. Los medios tradicionales, esta vez, no cayeron. No replicaron la noticia sin verificar pero la escena dejó una pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo pasará hasta que la presión por los clics y el rating los empuje a hacerlo? El Digital News Report 2026 de Reuters advierte que la confianza de las noticias ya está en el piso del 26%. De todas maneras imitar a los influencers sería el suicidio definitivo.
El informe del Reuters Institute, liderado en Argentina por Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski, no es un documento para celebrar ni para lamentarse. Es un diagnóstico quirúrgico sobre los medios, las noticias y porque no, el periodismo. Lo que plantea el estudio es que el consumo digital ya es el piso del sistema informativo. Las plataformas, redes y el video ordenan el acceso. Facebook, Instagram y YouTube son la infraestructura invisible por donde circula la información pero a pesar del tráfico de noticias, la confianza cae. No porque la gente no quiera informarse, sino porque el ecosistema se volvió ruidoso, confuso y polarizado.
En ese contexto, muchos medios miran con envidia el fenómeno LUZU TV, que según el informe de la Universidad de Oxford, ya capta el 13% del acceso digital semanal. Ven que una actriz, sin formación periodística, sin fuentes, sin chequeo, convoca audiencia y genera conversación. Es por eso que algunos medios buscan contratar influencers, priorizar la inmediatez sobre la verificación, volverse entretenidos antes que confiables. Ese camino, a mi parecer, es el error estratégico más grave que puede cometer el periodismo argentino.
El informe del Reuters en el 2023 también revela un dato que suele omitirse: solo el 10% de la población global depende exclusivamente de creadores para informarse. El 90% restante sigue consumiendo periodismo, pero lo combina con otras fuentes. Los influencers no reemplazan al periodista; son un complemento entretenido, fácil de digerir, pero percibido como menos confiable e imparcial. La audiencia no le pidió a los medios que se conviertan en influencers sino, lo que busca el gran público son periodistas que entiendan el mundo digital sin perder su alma.
Si observamos el mapa de marcas del Digital News Report 2026 es contundente. Telefe Noticias, TN, Infobae y La Nación+ sostienen niveles altos de confianza específica. ¿Qué hicieron esas marcas? No salieron a contratar streamers virales para dar noticias. Mantuvieron estándares editoriales, rostros reconocibles y consistencia en el tiempo. No se volvieron ruido; se hicieron más visibles en el ruido, con sus herramientas que es ni más ni menos que verificación, contexto, pluralidad de fuentes, edición cuidada.
El caso de LUZU TV y Florencia Peña es un síntoma, no una causa. El streaming, los influencers y los formatos conversacionales llegaron para quedarse. El periodismo no puede ignorarlos, pero tampoco puede mimetizarse con ellos. Ocupar esos espacios con rigor profesional, contar historias en video con la misma calidad que en una redacción tradicional, verificar antes de publicar aunque el algoritmo premie la velocidad, eso es lo que el informe llama "diseñar para entornos digitales".
La tentación del clic fácil es real y la presión comercial es ineludible pero la reputación no se construye con trucos; se gana con profesionalismo. La próxima vez que un medio argentino evalúe contratar a un influencer para "modernizarse", debería recordar el día que Florencia Peña mató al padre de Messi en LUZU TV. Y preguntarse: ¿eso es lo que queremos ser? ¿O queremos ser lo que la audiencia realmente necesita: información verificada, contexto, verdad?
El clic se agota. La credibilidad, no.
Por Emiliano Follis, Lic. en Comunicación social