Las acciones de empresas de software y servicios tecnológicos cayeron con fuerza en Wall Street y arrastraron a los mercados de Asia y Europa, luego de que nuevas herramientas de inteligencia artificial reavivaran el temor a una disrupción más profunda de la esperada. Entre el martes y el viernes, el sector registró pérdidas de casi 300.000 millones de dólares en valor de mercado, en medio de crecientes dudas sobre el impacto de la IA en el empleo, los modelos de negocio y el futuro de la industria tecnológica.
Para muchos analistas, lo ocurrido esta semana fue menos una sorpresa que un ajuste de cuentas. La inteligencia artificial funciona como combustible para las acciones tecnológicas desde hace años, empujando a varios stocks a máximos históricos.

Pero desde octubre ese entusiasmo comenzó a diluirse, a medida que el mercado empezó a ponderar no solo el potencial de la IA, sino también sus efectos colaterales. La corrección golpeó primero a las empresas de software más expuestas a la automatización, pero terminó extendiéndose al mercado en general, en un contexto de mayor cautela entre inversores y fondos de inversión.
Recorte de gastos
Las nuevas herramientas de inteligencia artificial que están lanzando empresas como Anthropic volvieron a encender una alarma específica: la posibilidad de que las compañías empiecen a recortar gastos en software y licencias, uno de los pilares del boom tecnológico de los últimos años.
Mucho se escribió sobre la llamada “burbuja de la IA”, su eventual estallido y los daños que podría causar. Menos frecuente es la pregunta inversa: ¿qué pasa si la inteligencia artificial funciona mejor de lo esperado?
Desde hace tiempo, la relación entre empleo e IA está atravesada por un gran signo de interrogación. La promesa de automatizar tareas profesionales, desde el trabajo administrativo hasta funciones legales o comerciales, parecía un horizonte lejano. Sin embargo, todo indica que el punto de inflexión llegó antes de lo previsto. No se trata de un derrumbe inmediato del empleo, pero sí de una señal temprana: el mercado financiero suele anticipar estos cambios con un año o más de ventaja.
El martes pasado, esa inquietud tomó forma concreta en Wall Street. Las acciones de empresas vinculadas al software y al análisis de datos sufrieron una fuerte caída, que luego se replicó en las bolsas de Asia y Europa. Los inversores comenzaron a recalcular el impacto real que la IA puede tener sobre un sector que hasta ahora parecía inmune a los ciclos de ajuste.
El disparador fue la presentación de nuevas herramientas de automatización desarrolladas por Anthropic, la empresa estadounidense detrás del chatbot Claude. Sus productos prometen resolver tareas legales, de marketing y de atención al cliente que hoy realizan servicios especializados, lo que encendió temores sobre una sustitución directa de modelos de negocio enteros.
El castigo fue transversal. Grandes compañías ligadas a la información financiera, servicios legales digitales y outsourcing tecnológico registraron caídas de dos dígitos, mientras que un índice que agrupa a las principales firmas de software en Estados Unidos retrocedió cerca de un 7%.
La pregunta de fondo es cuánta disrupción está realmente en camino. Herramientas de asistencia basadas en IA ya existen y se usan, por ejemplo, en estudios jurídicos o áreas administrativas. La diferencia ahora es que los propios desarrolladores de los modelos permiten a las empresas integrar procesos completos y reducir la cantidad de servicios contratados a terceros. Para muchos analistas, ese cambio es más profundo que cualquier innovación previa.
La tendencia venía insinuándose desde antes. En el último año, varias compañías emblemáticas del software empresarial acumularon pérdidas superiores al 30% en Bolsa. Según relevamientos de bancos de inversión, cada vez más fondos vienen reduciendo gradualmente su exposición al sector.
No todos comparten el diagnóstico más sombrío. Jensen Huang, CEO de Nvidia, el gigante que domina el negocio de los chips para inteligencia artificial, calificó de “ilógica” la idea de que la IA vaya a reemplazar por completo las herramientas tradicionales de software. En su visión, la nueva tecnología no elimina los sistemas existentes, sino que se apoya en ellos.
Aun así, el mercado parece menos convencido. Por eso, los próximos balances de las grandes tecnológicas serán seguidos con lupa. Los resultados de Google y el nivel real de uso de sus herramientas de inteligencia artificial (como Gemini) pueden ofrecer una pista clave. No tanto sobre el presente, sino sobre el futuro que los inversores ya empezaron a descontar.