El poder adquisitivo de los trabajadores formales en la Argentina anotó un nuevo casillero positivo en su trabajosa carrera contra la escalada de precios. Según los datos oficiales de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte) difundidos por la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, los salarios del sector registrado experimentaron un incremento del 6,2% en abril de 2026. Al contrastar este guarismo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec, que para el mismo mes marcó una variación del 4,5%, el salario real de este segmento logró una mejora neta de 1,6 puntos porcentuales.

Con este resultado, el salario promedio de los trabajadores estables bajo convenio alcanzó los $1.150.000 (un millón ciento cincuenta mil pesos). El dato consolida una racha de tres meses consecutivos en los que las paritarias sectoriales consiguieron ganarle o empatarle al costo de vida, un alivio que el Gobierno nacional busca capitalizar como una señal de estabilización macroeconómica y de paulatina recomposición de los ingresos urbanos.
Sin embargo, detrás del optimismo por la desaceleración del índice de precios y el repunte mensual de abril, la radiografía histórica del Ripte expone la profundidad de la crisis. Analistas de consultoras privadas independientes —como el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) y la firma Eco Go— advierten que la comparación interanual y los acumulados a largo plazo reflejan un panorama sombrío. En términos reales, el poder de compra de los salarios formales todavía se encuentra un 12% por debajo de los niveles registrados a finales de 2023, evidenciando que los aumentos de los últimos meses apenas logran maquillar el fuerte piso de caída consolidado tras las sucesivas devaluaciones.

El panorama resulta todavía más complejo al segmentar el mercado laboral. Mientras que el indicador Ripte mide exclusivamente a los trabajadores bajo relación de dependencia con aportes continuos —es decir, el sector más protegido y con mayor capacidad de negociación paritaria—, los analistas recuerdan que los trabajadores informales o "en negro" y los cuentapropistas o monotributistas no corren con la misma suerte. Según estimaciones privadas basadas en datos complementarios del Indec, este universo de empleo precario continúa perdiendo sistemáticamente contra la inflación, profundizando la brecha de ingresos en la sociedad y limitando una reactivación sólida del consumo masivo.