Ideas
Jerónimo Bustelo: "La gente de Irán no es tan distinta a nosotros"
El abogado y escritor realizó un viaje a dedo. "Controlado por reloj, nunca esperé más de 5 minutos que un auto parara y me llevara en Irán", afirma y destaca la increíble hospitalidad y amabilidad de las personas; como también su cultura.Esta vez el invitado es Jerónimo Bustelo. Él es abogado y escritor. No lo entrevisté por ser pariente y por compartir el mismo apellido, lo entrevisto porque escribió un libro al que la guerra en Medio Oriente le ha dado mucha actualidad; se llama Peregrino Errante. Un viaje hacia el corazón de Irán. Jerónimo tomó la decisión de hacer un viaje por esa zona del mundo, nada más y nada menos que haciendo dedo. Llegó a Irán y a otros lugares más y escribió su experiencia. El libro es muy divertido, realmente Jerónimo logra que el que lee viaje con él. No escribo esto porque él tenga que ver conmigo, lo escribo porque la verdad es que el libro está bueno y de hecho agotó su primera edición.
- ¿Por qué decidiste ir a esa parte del mundo y a dedo?
-La idea de llegar a Irán fue un poco por casualidad. Yo tenía un viaje planeado con mi pareja, íbamos a hacer otra ruta. Teníamos el sueño de hacer la ruta Transiberiana hasta Mongolia. Teníamos comprados los pasajes de avión, íbamos a ir también en este viaje un poco a dedo y un poco en tren. Pero llegó la pandemia, nos cancelaron los vuelos y perdimos los tickets porque de la aerolínea no se hicieron cargo.

Nos encerramos como todos y como me gusta mucho leer, me refugié en la lectura durante el tiempo de aburrimiento. Así me empecé a encontrar con algunas lecturas relacionadas con Medio Oriente, con algunos personajes occidentales como Alejandro Magno y Marco Polo, que bueno, luego con el viaje fue como un cierre porque tuve algunas experiencias relacionadas a estos personajes que me llevaron al principio donde nació todo. En las lecturas, empecé a encontrar características de esas regiones, tradiciones, experiencias que contaban desde la historia de Alejandro Magno, la religión, las creencias, lo que vio Marco Polo y se describe en su libro.
Lo increíble era que lo que decían en ese momento, coincidía con lo que contaban los que habían ido un poco más cerca de nuestro tiempo y habían escrito, decían lo mismo, encontré muchas similitudes y me empezó a llamar la atención eso. No entendía por qué contaban cosas en común uno que lo había hecho hace 2.000 años, otros 600 años y otros 10 años. Pensé entonces que tenía que ir y verlo por mi cuenta, porque advertía diferencias con la imagen que yo tenía de esa región, obviamente creada por las películas que vemos de Hollywood, las noticias, y sobre todo hoy en día que estamos recibiendo un bombardeo de información por la guerra.
Veía muchas contradicciones entre esa caracterización de ese pueblo y lo que decía gente que había estado allá. Entonces dije, bueno, quiero ver con mis propios ojos qué es lo que hay ahí. Y así surgió la idea, lo armé y me largué.
-No fue el primer viaje que haces a dedo.
-No, hice varios viajes sobre todo por Latinoamérica a dedo, me gusta viajar a dedo. Empecé de joven por una cuestión primero económica, siempre es más barato y uno recorre más lugares a dedo y vas estando con la gente y es la forma de contactarte con los que viven en los lugares a los que vas.
Cuando uno hace dedo, siempre el que te levanta, no es un turista, es alguien que está viajando de un lado al otro. El 95% de las veces es alguna persona que trabaja en el transporte, un camionero, o alguien local que va de un pueblito a otro. Entonces, siempre son viajes cortitos, bien local y siempre uno termina adentrándose en la vida, en la familia o en las casas. Por eso quería viajar a Irán y a los otros lugares haciendo dedo. La idea era tener la energía para para mantener este vínculo con la gente, entonces si no me sentía con la energía que requería, me tomaba un micro.
-Vos contás lo hospitalarios que son en Irán con los turistas. Me sorprendió que cada uno que conocías, te ofrecía ir a su casa y conocer su familia. ¿Todos hacían eso?
-Sí, algo indescriptible es la hospitalidad y la amabilidad del pueblo iraní, del pueblo kurdo y de las distintas comunidades. Todos en Irán son así, y el pueblo persa también, allá marcan las diferencias entre los persas, los kurdos y otros.
Esa amabilidad no deja de sorprender, yo salía a hacer dedo y nunca esperé más de cuatro minutos por reloj; si esperaba más era porque no pasaban autos, nunca llegué a esperar cinco minutos cuando había autos transitando. Y me subía a un vehículo y me terminaban invitado a sus casas a comer, a tomar el té. También cuando salía y empezaba a hablar con alguien, terminaba en su casa, es una tradición recibir así al viajero, llevarlo a su casa y darle lo que tienen. Estuve en casas de distintos niveles económicos, desde gente bien posicionada, hasta con personas que no estaban tan bien y también me daban lo que tenían. Igual me invitaron, me dieron té, me dieron un lugar para dormir, siempre en alfombras.
-Da la sensación que es medio inmanejable, que te cuesta planificar el día. Porque salías y no se sabía dónde terminabas.
-Claro. Yo justamente fui sin planificación. De hecho, mi idea era estar más tiempo en Irán porque, en ese momento se podía extender la visa hasta dos veces más, pero me agarró el verano. En muchas regiones que quería visitar y tenía marcadas en el mapa, hacían 50 grados de calor y llegaban a 52 de máxima. Eso me empezó a pasar en una parte del viaje, sobre todo en el sur. En esa región me tenía que levantar temprano para poder caminar, recorrer un poco durante la mañana porque al mediodía ya nos teníamos que guardar porque el sol te quema, hasta las 6 ó 7 de la tarde no podés volver a salir. Por eso el viaje se empezó a tornar un poco difícil y monótono, porque estaba en casas todo el tiempo, eso demanda más energía y es cansador. Empecé a cambiar un poco el rumbo y me tuve que volver antes de tiempo, con la promesa de algún día poder volver a ver esos lugares tan increíbles con tanta historia, porque es una región que tiene más de 2.000 años de antigüedad, entonces a donde uno va, encuentra historia, hay un pedazo de historia en todos lados.
- ¿Cómo describirías la gente?, además de esto que has marcado sobre su hospitalidad.
-Esa gente ahora está con una guerra fuerte encima. La primera palabra es la de la hospitalidad, esa amabilidad, pero también era interesante, y voy a generalizar un poco a pesar que no me gusta hacerlo, pero el pueblo iraní, o la gente de Irán, es muy culta también. Conoce mucho su historia, conoce mucho sobre sus próceres, sobre sus líderes antiguos, la historia de sus creencias, su religión.
Hay una religión que es interesante, se llama el zoroastrismo que nace en Irán, es la religión monoteísta más antigua del mundo. Los principios de esa religión son tomados después por el judaísmo, por el catolicismo, por el islam. Ellos son totalmente conscientes de eso y por ahí me pasaba de leer al profeta Zaratustra, que de ahí viene Zaratustra, viene del del zoroastrismo. Las enseñanzas o los planteos que se hace vienen de ahí, porque esa religión es la que plantea el dualismo -por primera vez- entre el bien y el mal; y es tomado por las tres religiones monoteístas más masivas del mundo. También saben mucho de arte. El iraní tiene muy presente a sus poetas. En muchas conversaciones me pasó, de estar hablando y que me reciten o se pusieran a recitar poesía de sus grandes poetas. Veía cómo, a través del arte y la cultura, se manifestaban también los descontentos que hay en Irán, porque tiene muchas contradicciones, obviamente como toda la sociedad de cualquier país.
- ¿Cómo es un día en Irán, un día promedio?
-En la dinámica del día a día, no vi muchas diferencias. De hecho, en el ámbito social, por ejemplo, en Irán me sentí mucho como en casa. Una gran pregunta que siempre me hacen, es ¿qué es lo más diferente que viste? ¿Qué es lo que más te contrastó? ¿Qué fue lo que más te llamó la atención? A mí lo que me pasaba en Irán día a día, y algo que creo que digo también en el libro, no es tanto las diferencias; sino que lo que más me llamaba la atención era cuántas similitudes tenía yo con ellos.
Todo lo que compartíamos, la forma de vivir, los sueños que tenían, los proyectos de los jóvenes, las preocupaciones de la gente grande. No me sentía alejado o en un lugar totalmente diferente; todo lo contrario, sentía que éramos iguales y me llevaba también a poner en cuestión todas las ideas y prejuicios que tenemos con la gente de Irán. Estuve ahí caminando, estuve con la gente y me sentía uno más, me hicieron sentir uno más.
Entonces es difícil a veces responder esa pregunta, sobre¿qué te llamaba la atención? Y me llamaba la atención que fuéramos tan parecidos, obviamente, diferentes vestimentas, idioma, comida, música; pero en la esencia humana éramos lo mismo, somos lo mismo.
-Y tu balance del viaje como experiencia de vida cuál es, más allá de los lugares de Irán y de todo. A nivel personal, ¿qué te dejó este viaje?
-Me dejó muchas cosas. Sobre todo, creo que lo que me dejó más calado es aprender a detenerse, a que antes de juzgar o de dar una opinión, hay que detenerse un rato a pensar. Pensar si es así lo que lo que yo creo, esta imagen que tengo. No solamente me refiero a cuestiones políticas, históricas o de diferencias entre sociedades; también sobre lo que pensamos con amigos, o con personas que conocemos, uno siempre está lleno de prejuicio y yo creo que Irán me llevó a decir: "Tengo esta idea de esta persona, de esta sociedad, de este país. Bueno, ¿por qué tengo esta idea? ¿Es como lo pienso? ¿De dónde viene esa idea? Me enseñó a parar un poco la pelota, a pensar y antes de dar una conclusión sobre algo, pensarlo un poquito más desde un plano más frío y tomando otros aspectos.
Y también aprendí que el idioma y su dificultad para comunicarse no es una limitación. Estuve muchas veces en lugares en el que no podía ni siquiera hablar, eran simplemente miradas, gestos, silencios y entendí que muchas veces hablamos demasiado y que las palabras muchas veces sobran. Estuve con tanta gente y con tantas familias con las que no podíamos ni emitir una sola palabra, porque yo usaba el inglés o el traductor del teléfono, pero a veces tampoco se podían utilizar esas herramientas porque algunos eran analfabetos, por ejemplo. Pero pasaba días con ellos, compartíamos, nos comunicábamos y no usábamos palabras. Me enseñaron a encontrar esos espacios, esos espacios que no hay que rellenarlos con palabras que a veces son más vacías y el silencio puede decir otras cosas.
-Me contabas que habías estado en contacto con la con la gente que conociste de Irán.
-Sí, siempre quedé en contacto. Nos vamos mandando mensajes, preguntándonos sobre nuestras vidas, yo cada vez que sucede algo les consulto, para que me den información. Particularmente desde que empezaron los bombardeos y todo este conflicto. Es real que se cortaron las comunicaciones, durante casi una semana, no llegaban ni siquiera mis mensajes. Me comunicaba por WhatsApp o Instagram, que son dos plataformas que están bloqueadas en Irán y para acceder, tenés que usar VPN. Después les empezaron a llegar los mensajes y dos amigos me contestaron.
Uno me dijo que estaban bien, él y su familia y que no sabían qué iba a pasar, que había mucha incertidumbre, por lo menos en su círculo cercano. Otro chico de Kurdistán, con el que también tuve muchas experiencias que están contadas en el libro, me dijo que estaban bien él y su familia, pero avergonzado porque lee mucho qué se dice en otros países, lee muchas noticias y me decía que le generaba mucha vergüenza ver las noticias que decían que Irán había bombardeado a otros países y me recalcó, "Nosotros no somos eso, me avergüenzo un poco con esas noticias, pero estamos bien, no sabemos qué va a pasar y bueno, hay que tener paciencia", algo así me escribió. Fueron las únicas dos comunicaciones que pude tener hasta hoy en día.
-¿Dónde se puede conseguir el libro?
-Me pueden escribir por Instagram a Jero Bustelo o Peregrino Errante. También está en García Santos, en Ludditas, en la Librería de los Confines, y en la D'Accurcio. En Estornino Ediciones también, es la editorial.
