Hace 42 años que el histórico FerrocarrilTrasandino dejó de funcionar y un tren ya no une a Mendoza con Chile a través de la Cordillera de los Andes. Ahora, un megaproyecto de US$9.600 millones busca recuperar esa conexión mediante un túnel ferroviario de 54 kilómetros bajo la montaña y una nueva salida al Pacífico para la producción sudamericana.
La iniciativa es impulsada por la empresa chilena Beler S.A. junto a la firma singapurense International Nusantara Investment y propone desarrollar una moderna red ferroviaria entre Mendoza y la región chilena de Valparaíso.
El proyecto, denominado Corredor Bioceánico Longotoma, contempla infraestructura para el transporte de cargas y pasajeros y busca posicionarse como una alternativa logística para conectar a la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay con los mercados de Asia.
Cómo es el nuevo Ferrocarril Trasandino que buscan construir
La obra tiene como eje principal un túnel ferroviario de 54 kilómetros entre Uspallata y la ciudad chilena de Los Andes, una conexión que permitiría atravesar la Cordillera durante todo el año sin depender de las condiciones climáticas que suelen afectar al paso Cristo Redentor.
A ello se suma una doble vía electrificada de 420 kilómetros, diseñada para transportar pasajeros, mercaderías y vehículos entre la zona cordillerana y la costa del Pacífico.
El antiguo ferrocarril trasandino funciono hasta 1984
El plan también prevé la construcción de un centro modal de cargas en Longotoma y un puerto submarino de aguas profundas en La Ligua, especialmente pensado para exportar granos y otros productos sudamericanos hacia los mercados del Asia-Pacífico.
Según los impulsores de la iniciativa, el corredor permitiría reducir costos logísticos y mejorar la competitividad de las exportaciones regionales.
¿Qué falta para que la obra se convierta en realidad?
Por ahora, el proyecto se encuentra en una etapa preliminar de evaluación y búsqueda de respaldo institucional en ambos lados de la Cordillera.
Sus representantes ya mantuvieron reuniones con autoridades de la región chilena de Valparaíso para presentar los alcances de la propuesta y analizar mecanismos que permitan acelerar su desarrollo.
Uno de los caminos que estudian los impulsores es la aplicación del Tratado de Maipú, firmado en 2009 por los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet, que contempla herramientas de cooperación para obras estratégicas de infraestructura.
Los promotores consideran que, si logran obtener las autorizaciones necesarias, la construcción podría completarse en un plazo estimado de entre tres y cuatro años.