El deterioro del entramado productivo y del empleo formal en la Argentina registró una fuerte aceleración durante el mes de mayo. Según los últimos registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), la combinación de cierres de empresas, baja en la tasa de creación de firmas y contracción del consumo generó en tan solo 30 días la pérdida neta de 2.371 empleadores y la destrucción de 70.217 puestos de trabajo registrados (un promedio de 2.265 desvinculaciones diarias).
El impacto se sintió con particular severidad en sectores clave como el comercio y la industria manufacturera. Con estos números, el acumulado de los primeros cinco meses del año arroja un saldo alarmante: 8.025 empresas cerradas y 113.897 trabajadores desvinculados del circuito formal.
Al comparar la fotografía actual con el mes base de noviembre de 2023 —inicio de la actual gestión gubernamental—, los números reflejan un impacto estructural profundo:
- Unidades productivas: Se pasó de 512.357 a 481.724 empleadores, lo que implica la desaparición de 30.633 empresas (-6%).
- Mano de obra registrada: El número de trabajadores asegurados descendió de 9.857.173 a 9.445.560, registrando 411.613 cesantías o bajas netas (-4,2%).
Tras un primer golpe severo a mediados de 2024 —impulsado por la devaluación inicial, el freno masivo a la obra pública y los recortes en la planta estatal—, la sangría de empresas había experimentado una breve tregua. Sin embargo, la tendencia negativa volvió a tomar fuerza a lo largo de 2025 y se profundizó en lo que va de este año.

Las causas del fenómeno: "Desnatalidad" empresarial y reconversión
Especialistas del sector señalan que un porcentaje significativo de las firmas que cerraron corresponde a emprendimientos juveniles o con menos de tres años de antigüedad, imposibilitados de amortizar los costos de inversión inicial frente a un consumo interno sumergido.
Por otro lado, se detecta un proceso de reestructuración productiva: muchas PyMEs abandonaron la fabricación local para volverse comercializadoras de bienes importados, reduciendo drásticamente sus planteles de personal. A esto se suma el despliegue de esquemas de retiros voluntarios en medianas y grandes empresas.
Desde la Secretaría de Trabajo, no obstante, destacan que el factor determinante no es solo el ritmo de cierres, sino la falta de sustitución.
"La contracción en el stock de empresas no se origina necesariamente en un volumen de cierres históricamente elevado, sino en una marcada debilidad en la apertura de nuevas unidades productivas. Esta asimetría revela un déficit en la tasa de natalidad empresarial más que una aceleración atípica en los ceses de actividad", argumentaron desde el organismo oficial.
El desplome del empleo bajo relación de dependencia registrado en la SRT —el seguro de riesgos de trabajo obligatorio— encuentra su contracara en la precarización. Las pocas contrataciones que se efectúan migran progresivamente hacia el régimen de monotributo o directamente a la informalidad laboral, modalidades que carecen de la cobertura de la ley de riesgos del trabajo y fragilizan aún más el mapa del empleo en el país.