La tregua fría en la cúpula del Poder Ejecutivo nacional sumó un inesperado componente de dramatismo en las vísperas del próximo feriado patrio. La vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel, confirmó formalmente que este sábado 20 de junio participará del acto central por el Día de la Bandera en el monumento homónimo de la ciudad de Rosario. El anuncio —realizado de manera unilateral a través de sus redes sociales— se convirtió en un directo desafío político hacia la Casa Rosada: la Secretaría General de la Presidencia, conducida por Karina Milei, deliberadamente no la había incluido en el listado de invitados de la comitiva federal.

"El sábado estaré en Rosario, mi segunda casa y cuna de mi familia paterna. Siempre es un orgullo visitar la ciudad donde el General Belgrano izó nuestra Bandera por primera vez", escribió la funcionaria en su cuenta de X, justificando su viaje bajo un estricto cariz personal y patriótico. Su círculo íntimo reforzó la postura con declaraciones contundentes, asegurando que a la vicepresidenta "le importa muy poco" quedar marginada de las cortesías oficiales y que no planeaba ausentarse de una conmemoración ligada a su propia identidad familiar. Los dos máximos referentes del oficialismo no se muestran juntos en un escenario público desde el pasado 1° de marzo, durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso.
La jugada descolocó la ingeniería logística que la Presidencia de la Nación venía coordinando con la Municipalidad de Rosario y la gobernación de Santa Fe, a cargo de Maximiliano Pullaro. Al tratarse de una conmemoración encabezada por el jefe de Estado, el protocolo y la distribución de ubicaciones corre bajo la firma exclusiva de la Casa Rosada. En el entorno de Villarruel deslizaron inicialmente que su arribo respondía a un convite de las autoridades santafesinas, una versión que desde la sede de gobierno provincial en Santa Fe se encargaron de relativizar de inmediato, aclarando que cualquier ubicación de la comitiva nacional correspondía ser saldada por los equipos de Presidencia. Ante la negativa de sus pares del Ejecutivo, la titular de la Cámara Alta baraja incluso la posibilidad de seguir el desarrollo de la ceremonia mezclada entre el área de las autoridades locales o el público en general.

La incomodidad de la Presidencia no responde únicamente al gélido vínculo personal entre los compañeros de fórmula, sino al delicado escenario político que atraviesa el entorno presidencial. Javier Milei estructuró su viaje a la ciudad portuaria con la premisa de brindarle un fortísimo e indispensable respaldo a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien se encuentra acorralado por el avance de una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito. El Ejecutivo dispuso que todo el equipo ministerial acompañe al asediado funcionario en la primera fila. La inserción de Villarruel altera drásticamente ese libreto, debido a que la titular del Senado ha mantenido una distancia tajante e intransigente respecto a las figuras del oficialismo bajo sospecha, negándose —por ejemplo— a convalidar fotos de apoyo previas con Adorni en eventos públicos recientes.
El escenario para el sábado a las 10:00 de la mañana en el Mástil Mayor del Monumento anticipa un clima de máxima reserva y gestos calculados al milímetro. La vicepresidenta forzó una cita a la que no había sido convidada y la administración libertaria deberá decidir, bajo el foco de las cámaras de todo el país, si la aísla del perímetro presidencial o si le concede el lugar que institucionalmente le corresponde por su jerarquía de segunda autoridad de la República.