Seguramente Anabel Fernández Sagasti vuelva a sentarse en su banca y siga trabajando en bloque con sus compañeros de banca. Sin embargo, algo se rompió ayer por la tarde. Cuando Wado de Pedro, José Mayans y Mariano Recalde levantaban la mano y Juliana Di Tullio se hacía la distraída mirando el teléfono, a más de mil kilómetros de distancia Fernández Sagasti veía cómo sus hermanos de militancia le soltaban la mano y la dejaban sola. Y no solo ella observó por YouTube la celeridad con la que se sacaban el asunto de encima, también lo hicieron otros militantes y dirigentes que salieron a cuestionarlo.
El diputado provincial Lucas Ilardo ha militado toda su vida en La Cámpora y en las redes no dudó en caerle con dureza tanto a Máximo Kirchner como a Axel Kicillof por haber mandado al cuarto del fondo el reclamo legítimo de la senadora mendocina. "Parece que se pusieron de acuerdo rápido Axel y Máximo para cagarse en una causa justa. Espero que tengan la misma rapidez para arreglar el kilombo en el que nos metieron", aseveró.
La "traición" fue palpable y la cadencia de los hechos demostraron que todo había sido orquestado. Patricia Bullrich presenta una cuestión de privilegio pidiendo que se mande a comisión el pedido de Anabel Fernández Sagasti. Sin mencionarla, esgrime que "en base a un debate que se ha hecho público surgido sobre el tema de posibles licencias o votos no presenciales", sugiere que esos pedidos deben resolverse con la presentación de proyectos parlamentarios "necesarios para poder habilitar que este tema se discuta".
Allí viene el cuadro más grosero de la puesta en escena. En lugar de votarse ese pedido por el sistema de votación, el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, consulta si se va a votar a mano alzada. Y se lo pregunta directamente al jefe de la bancada del PJ, José Mayans, que afirma que efectivamente se vote a mano alzada. ¿Cuál es la diferencia? No quedan asentados los votos con nombre y apellido.
Sin embargo, no era necesario ver los nombres de los senadores escritos en una pantalla. A simple vista se los podía observar levantando la mano para abandonar la causa que hasta unas horas antes consideraban justa y se embanderaban en ella.

Juliana di Tullio, la que en televisión contó que Anabel Fernández Sagasti había sufrido un aborto espontáneo en una sesión, la compañera de mil batallas de la mendocina, se hizo la distraída y miró su teléfono mientras todos alzaban sus brazos.
Según manifestó Lucas Ilardo en una transmisión en vivo por las redes, nadie llamó a Anabel Fernández Sagasti para informarle la decisión que habían tomado. Nadie le explicó por qué de un momento al otro la dejaron en banda.
Las explicaciones llegaron después y no alcanzan a conformar a los que, como Anabel Fernández Sagasti, se vieron sorprendidos por el acto de traición. En diálogo con Futurock José Mayans dijo que entendían que abrir la puerta a las sesiones online permitía que cualquier legislador sesione desde otro país o desde su casa, posibilitando que el oficialismo tenga facilidad para conseguir quórum en futuras sesiones. "Cuando se abre la puerta del infierno el diablo sale para todos", dijo para justificar lo ocurrido.
Pero la pregunta de los periodistas fue concreta: ¿Por qué no lo dijeron?¿Por qué no dejaron sentado su posicionamiento aclarando que no es lo mismo un embarazo de riesgo que una operación de los meniscos. Según Mayans, fue para no dilatar la sesión en la que se iba a tratar la Ley de Propiedad Privada.
Seguramente en los próximos días se presente un proyecto que habilite a las senadoras gestantes a sesionar desde sus provincias cuando no tengan posibilidades de viajar. Y lo más probable, es que cada bloque empiece a ver a quién podría beneficiar más esa posibilidad. Porque lo que les importa no parece ser el derecho de una mujer embarazada a ejercer el cargo para el que fue elegida. Lo que les importa en realidad es a quién le conviene que se ejerza ese derecho.