Hace pocos días, el vocero presidencial reconoció abiertamente lo que venimos sufriendo en silencio: parte de lo recaudado a través del impuesto que todos los mendocinos pagan cada vez que cargan combustible —y que debería contribuir al mantenimiento de nuestras rutas— fue utilizado para sostener el equilibrio fiscal nacional.
¿Cuánto más pretenden que aporten los trabajadores? ¿Hasta dónde quieren exprimir a los argentinos que están sobreendeudados, que hacen malabares imposibles para llegar a fin de mes y que ven todos los días cómo cierran los negocios de su barrio y las empresas reducen personal? ¿Cuánto esfuerzo más le van a exigir a nuestra gente?
La situación en nuestra provincia ya es insostenible. Las obras viales que el Gobierno nacional abandona para sostener un superávit que no se traduce en el bienestar de los hogares ahora pretenden financiarlas con recursos de los propios mendocinos y, encima, cobrarnos peaje. Es un verdadero despropósito: pagamos el impuesto al combustible, aportamos recursos provinciales para terminar las obras y después tenemos que pagar para transitar por esas mismas rutas. Los mendocinos terminamos pagando tres veces.
A este mazazo sobre nuestra economía se suma una irresponsabilidad geopolítica inadmisible. En lugar de fortalecer la relación con Brasil, nuestro principal socio comercial, el Gobierno nacional eligió escalar una confrontación política que genera incertidumbre para nuestras economías regionales. Allí Mendoza se juega buena parte de sus exportaciones de ajo y también mercados fundamentales para nuestros vinos, frutas y otros productos. No podemos permitir que las peleas ideológicas de un presidente pongan en riesgo el trabajo de miles de mendocinos.
Sin embargo, lo más preocupante de este escenario no es solamente lo que hace la Nación, sino el silencio de quienes juraron defender los intereses de Mendoza. El Gobierno provincial no puede limitarse a observar mientras nuestras familias están cada vez más ahogadas, nuestras rutas se deterioran y nuestra producción queda expuesta a decisiones tomadas a más de mil kilómetros de distancia.
Ya no hay lugar para cálculos ni especulaciones partidarias. Mendoza necesita recuperar una voz propia, capaz de plantarse ante cualquier gobierno nacional cuando nuestros intereses estén en juego. Necesitamos un gobierno que defienda nuestra producción, nuestros recursos, nuestro trabajo y el bolsillo de nuestra gente.
Mendoza necesita un gobierno que se ponga al frente y defienda a los mendocinos. Yo estoy dispuesto a trabajar firmemente para construirlo.
Por Emanuel Fugazzotto.