Lejos de un "boom" repentino, la presencia de alimentos y bebidas importados en las cadenas de supermercados ha consolidado un crecimiento paulatino pero firme. Actualmente, estos productos representan hasta el 10% de la facturación total de las principales cadenas, con una incidencia que varía entre el 2,5% y el 9,7% según la empresa. Esta mayor oferta ha inyectado una dosis de competencia en categorías clave, funcionando como un ancla para los precios nacionales en el marco de la lucha oficial contra la inflación.

Las cifras oficiales respaldan esta tendencia: durante 2025, el ingreso de alimentos y bebidas alcanzó los US$ 2.293 millones, lo que representa un incremento del 56% respecto al año anterior. No obstante, la industria local, agrupada en la Copal, subraya que la balanza comercial sigue siendo fuertemente superavitaria, con exportaciones que superan ampliamente a las compras externas. Las importaciones se concentran principalmente en productos que el país no fabrica masivamente o en insumos básicos como café y cacao.

En las góndolas, los favoritos del público combinan artículos de consumo masivo con propuestas premium. Marcas como la yerba brasileña Baldo —reciente sponsor de la Selección Argentina—, el dulce de leche uruguayo Conaprole y el atún ecuatoriano Bulnez lideran las preferencias. Este fenómeno es impulsado también por un "efecto nostalgia" que remite a la década de los 90, permitiendo que los consumidores vuelvan a encontrar productos que durante años estuvieron restringidos a tiendas especializadas o solo eran accesibles mediante viajes al exterior.