La brecha social en la Argentina volvió a ampliarse en el arranque del año. De acuerdo con el último informe de Evolución de la Distribución del Ingreso publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la diferencia entre los extremos de la pirámide social alcanzó una proporción alarmante: el 10% de la población con mayores recursos económicos percibió 15 veces más ingresos que el decil más postergado, tomando como base el ingreso per cápita familiar. El relevamiento, confirma una desmejora distributiva tanto en la comparación interanual respecto al primer trimestre de 2025 como en la medición trimestral consecutiva.

El indicador técnico más preciso para evaluar esta dinámica es el Coeficiente de Gini, una escala donde el 0 representa la igualdad absoluta y el 1 la desigualdad total. Durante el primer trimestre de 2026, este coeficiente escaló a 0,442, desmejorando frente al 0,435 de un año atrás y al 0,427 del cierre del año pasado. Para hallar una cifra más elevada de concentración del ingreso hay que remontarse al primer trimestre de 2024, período que asimiló el impacto directo de la devaluación implementada al comienzo del mandato de Javier Milei.
La base de este fenómeno radica en una profunda precarización del mercado de trabajo. Las estadísticas oficiales muestran que el empleo informal (ocupados no registrados) creció del 42,2% al 44,4% en doce meses, ensanchando una grieta salarial drástica: un trabajador informal promedió un ingreso de $664.320, lo que equivale a un 54% menos que los $1.443.176 percibidos por quienes están bajo la órbita formal. En paralelo, la consultora económica LCG remarcó que la dinámica de ingresos resultó marcadamente heterogénea frente a la inflación; a excepción de los dos primeros deciles y del estrato más rico, el resto de la clase media y trabajadora perdió poder adquisitivo en términos reales.
La composición de la brecha y la disparidad de género
La concentración de la riqueza se evidencia al observar el reparto de la torta de ingresos totales. Mientras que el 10% más pobre de la ciudadanía apenas logró retener el 1,4% de los ingresos, el decil más acaudalado acaparó el 33,5% del total (frente al 32,6% registrado en el mismo lapso del año anterior). El economista Lorenzo Sigaut apuntó que este salto del estrato alto obedeció principalmente al incremento de los ingresos no laborales —como las rentas financieras y utilidades—, las cuales pasaron de representar el 17,1% al 20,3% del total de sus recursos globales.

El informe oficial revela, además, un preocupante retroceso en términos de equidad de género, alcanzando la mayor brecha salarial para un primer trimestre desde que el INDEC inició la actual serie estadística en 2022. La distancia de ingresos a favor de los varones respecto de las mujeres se amplió del 27,8% al 29,1%. En términos nominales netos, el ingreso promedio individual de los hombres se ubicó en $1.352.247, frente a los $959.030 promediados por las mujeres, reflejando el fuerte impacto de la precarización y la desigual inserción en el esquema productivo actual.