En 2025 el consumo de vino per cápita quedó en 15,7 litros; 0,6 menos que el año pasado cuando estaba en 16,3. Algunos entienden que no le fue mal a la industria por más que sigua la caída. Pero el año pasado fue pésimo para el consumo en general de la mayoría de los productos, así enonces al vino le hicieron precio con 0,6 menos. En esta nota le pedimos la opinión a distintos referentes de la industria con la idea de definir las acciones necesarias para evitar perforar los 15 litros per cápita anuales de consumo de vino. Aquí están los puntos que marcaron en donde, afortunadamente, sobran las coincidencias.
Frío, mezclado y dulce
Sergio Villanueva, del Fondo Vitivinícola, estudia permanentemente las variables y los cambios que se producen en el consumo y está en permanente trato con los analistas del mercado. No duda en afirmar que la gente quiere tomar vino, pero tomarlo de otra forma. “Lo que están haciendo los multinacionales de la bebida es apostar por el vino frío, mezclado para bajar el alcohol y dulce, son las tres condiciones. Se está exportando más vino blanco”.
“Los estudios de mercado indican que hay que hacer productos de menor graduación alcohólica, eso no significa necesariamente ir al alcohol cero. No hay que dejar de lado los otros productos que ya tienen público. Los estudios de mercado también señalan que la penetración del vino es alta, eso de alguna manera refleja si la gente toma vino, lo que sucede es que ha perdido frecuencia”.

Refrescancia
Cuenta también que hace unos 10 años, se hizo un estudio econométrico, en el que se analizaron todas las variables que tiene el consumo de vino. La más relevante, la que más daba una regresión, era la temperatura. “Cuando sube la temperatura, baja el consumo de vinos. Las temperaturas tienden a subir en todo el mundo. Entonces hay que comunicar lo que estamos haciendo solo a través de nuestra campaña, que es refrescancia: hielo, soda, volver al pingüino. Cuando en Argentina se tomaban 70 litros por cápita, era vino que se tomaba con soda”.
Elitización y comunicación
Villanueva analiza lo sucedido en los ’90, cuando se produjo una suerte de “elitización” del consumo mediante la comunicación. “Hay poca comunicación, pero está empezando a cambiar, hay menos castillos, tules y chelos en un parque parecido a Versalles. Hay que hacer un cambio cultural, hay que cambiar colores en envases y habilitar la mezcla como lo ha hecho el gin, el vodka y el fernet. Hasta Messi que es un consumidor normal se permite decir que lo toma con gaseosa”.
“Pero todavía hay gente que discute si no hay que ponerle hielo, si la temperatura para tomarlo no debe ser una determinada, que no está mal. Pero el cambio debe ser hacer productos acordes a los que pide la gente, donde nosotros no eduquemos al consumidor, sino que lo escuchemos. Esa es la consigna. Escuchemos y no lo eduquemos, porque por educar lo queremos enologizar y eso ha sido uno de los grandes males de la industria”.
Inversión en tecnología y en promoción
En sintonía con Villanueva está Mario González, presidente de Coviar que deja su mandato en marzo cuando se realice el tradicional Desayuno y asuma Fabián Ruggieri. “Hay que ajustarse cada vez más a lo que el consumidor va pidiendo y en eso vamos haciendo todos los enfoques. Pero también implica poder tener la capacidad de inversión en tecnología para lograr productos que el consumidor está buscando”.
González también señaló que los recursos para promoción siempre son muy escasos. “Si aumentaran podríamos volcar recursos importantes a promoción y acercarnos a lo que el consumidor está requiriendo: vinos con menos alcohol, gasificado, con envases modernos, con productos con un poco más de edulcoración. Estos son unos de los puntos importantes para revertir esta ecuación, o por lo menos no seguir perdiendo litros en el consumo per cápita”.
Fabián Ruggeri, presidente de Acovi y sucesor de González en Coviar, también coincide en que la industria ha girado hacia los vinos blancos dulces y frescos con menos alcohol. Destaca la capacidad de adaptación de la industria vitivinícola, debido a que “no es fácil verlo en otras actividades. Antes había una tendencia que se concretaba en 3 años, ahora cambia todo en 3 meses y en 8 meses más, se modifica otra vez. La industria tiene claro que el mercado está más dinámico y que hay que adaptarse, algunas bodegas lo hacen más rápido que otras, pero van para adelante. Hay que adaptarse rápido a lo que el consumidor quiere, pero hay variables que no las manejamos como el poder adquisitivo de las personas, se derrumbó toda la canasta de alimentos, ropa, celulares, incluso alimentos de primera necesidad”.
Buenos números y el factor cultural
Alejandro Vigil, de Bodega Catena y presidente de Wofa es optimista y hace foco en dos puntos: en la suba de exportaciones de vino blanco del 134% entre enero del 25 y enero del 26 y en que no hay casi caída del tinto: -2,3%.
Por su parte Mauro Sosa, gerente del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, hace hincapié en la recuperación del poder adquisitivo, en la competitividad y en fomentar las exportaciones. “Pero las exportaciones tienen que ir acompañadas de un mensaje que determinen situaciones de consumo que invite al consumidor a tener un vino cerca en reuniones sociales, culturales, intelectuales, afectivas. Todavía en Argentina hay un fuerte arraigo cultural vinculado al vino”.