El tono de la llamada en espera se prolonga casi al límite del corte. Justo en el último bip, Camila Peralta atiende desde Buenos Aires saliendo de un turno con el odontólogo. Así de maratónicos son los días de la actriz que sincroniza rodajes, ensayos y funciones. Está en movimiento constante, pasando de un lenguaje artístico a otro, pero se detiene unos minutos para hablar con calma de Suavecita, la obra multipremiada que trae a Mendoza y que ya se volvió un fenómeno del teatro independiente.
En esa pausa breve, casi robada a la agenda, Camila encuentra un modo de entrar en el universo del personaje sin solemnidad.
¿Cómo se mantiene el humor en la construcción de un personaje que está devastado por su baja condición social?

“Es que yo no le pongo clase social. Suavecita es una mujer atravesada por una vida precarizada, tiene una hija que mantener y su marido no está”, explica alejándose de cualquier encasillamiento. El resto de la historia la completa el espectador. Desde ahí, el trabajo no busca subrayar una condición social como destino, sino construir una presencia viva, abierta, que respire en escena.
Su trabajo como intérprete (que le ha merecido los halagos de la crítica) parte del respeto por la complejidad del universo que recrea, sin cerrar sentidos para la platea. En esa construcción también aparece una dimensión autobiográfica y un delicado poder de observación.
Haber crecido en el interior, en el partido de Balcarce, a 400 km de CABA, le aporta una sensibilidad particular que en la obra trasunta en “tener que pedir permiso, como si los espacios que va conquistando no le pertenecieran del todo. Son cositas que me hacen gracia y que generan cierta incomodidad.Yo a veces soy Suavecita pidiendo perdón”, agrega.
En esa línea, describió a Suavecita como un personaje tierno y bueno, atravesado por prejuicios propios y ajenos. Y aunque no se la nombra tiene un nombre que estaba escrito en uno de los guiones pero que prefiere no revelar.
Realismo mágico en el conurbano

La obra, nacida en el circuito independiente porteño y consolidada luego de su paso por la sala NÜN y el Teatro Metropolitan, se convirtió en uno de los fenómenos teatrales más destacados de los últimos años. Con una combinación de erotismo, ciencia ficción y misterio, la historia sigue a una mujer que descubre un don inesperado para aliviar a pacientes terminales en un hospital público del conurbano. Ese poder la enfrenta a una situación límite que la obliga a moverse entre lo mágico y lo real, mientras sostiene un objetivo profundamente humano: mejorar la vida de su hija.
Para construir ese espacio completamente aparte de lo cotidiano pero que guardase cierta relación con el nosocomio, hizo falta la construcción de un dispositivo escénico. “Necesitábamos algo transportable, artesanal, barato. Algo accesible para desplegar en una tela todo un mundo. Y lo conseguimos en Once”, cuenta satisfecha de la producción low cost.
La crítica ha destacado especialmente la interpretación de Peralta, señalando su capacidad para transitar la vulnerabilidad, el humor y la transformación interna del personaje, así como la austeridad y potencia visual y simbólica de la puesta.
Peralta también reflexionó sobre el presente del teatro independiente, al que calificó como un momento difícil debido a la pérdida de apoyos institucionales, como los del Fondo Nacional de las Artes, o del Instituto Nacional del Teatro, lo que impacta en las posibilidades de circulación por el interior del país.
En ese contexto, el equipo de Suavecita sostiene una política de acceso a precios populares incluso en salas comerciales, con el objetivo de mantener el vínculo con el público y sostener funciones a sala llena.

Impro, tablas y plataforma
La actriz también se refirió al intenso ritmo de trabajo que combina teatro, grabaciones audiovisuales y proyectos en plataformas. Jornadas que comienzan a las 5 de la mañana y terminan al trasnoche de las funciones teatrales. Todo forma parte de una dinámica habitual que, según explica, intenta aprovechar al máximo en este momento en que se siente llena de energía para hacerlo.
En el plano audiovisual, destacó su participación en la serie En el barro, donde valoró especialmente la experiencia colectiva con otras actrices, que le recordó al espíritu del trabajo teatral.
Actualmente, integra Los miedos, un espectáculo basado en la improvisación total. Doce actores –inclusive el director y la puesta de luces- se construyen en tiempo real. Esa lógica, afirma, le permite mantenerse en contacto directo con la emoción del presente escénico.
Muy pronta a encontrarse con el público mendocino por primera vez, Camila reconoció no tener referencias previas, así que con un sincero “espero que les guste”, dejó las expectativas en lo que suceda la noche del viernes.
La función
Suavecita en Mendoza
Teatro Plaza, Godoy Cruz
Viernes 26 de junio 21.30 hs
Fotos y video: material de prensa Agencia Fogón