¿El buen samaritano del evangelio era un populista, un comunista, o el ejemplo a seguir? ¿La justicia social es un objetivo a conseguir, como predica la Iglesia, o un robo, como lo afirma el Presidente?
Una vez más la Iglesia por intermedio de su máximo vocero el Arzobispo Garcia Cuerva, en la homilía del 9 de Julio, usó la parábola del buen samaritano para recordar cuál era el principal mandamiento, amar al prójimo como así mismo, y a su vez recordar a toda la dirigencia del país, a toda, sin excepción, que no estaban siguiendo ese ejemplo.
Los dichos de Milei
El Presidente ha sido en los últimos tiempos quien con mayor claridad ha expuesto como beneficioso, y a seguir, el otro modelo, aquel en que, por el libre juego del mercado, sin restricciones ni intervenciones distorsivas del estado y con irrestricta defensa de la propiedad privada, se consigue un país que progrese, regrese a su mejor pasado y sea ejemplo en el mundo.
Javier Milei en el Tedeum el 9 de Julio.
Una discusión vieja, por cierto, no la iniciaron los protagonistas que mencionamos, viene de lejos, y es un tema infinitamente complejo.
La justicia social
Hay muchas interpretaciones de qué es la justicia social, pero no cabe duda que implica una mediación entre el capital y el trabajo, en un sistema de democracia y estado de derecho en que es el Estado, con diferentes instrumentos, media entre aquellos para lograr lo que se entiende una más justa distribución de la riqueza. Esos instrumentos son el salario, los impuestos y las leyes que regulan la competencia o limitan la concentración del capital.
Los dichos de Messi
Ponernos en los extremos, como los dichos de Javier Milei y algunos de sus críticos, no nos llevará a ningún buen destino, es la locura de todos contra todos y por todo. García Cuerva también se refirió al tema citando a Messi, juntos podemos, pero todos, todos, no solo la “gente bien”.
Este tema no es solo filosófico o doctrinal, para los pulpitos, los debates periodísticos o similar, no, de ninguna manera, tiene que ver con todas las decisiones que cada día toman los gobiernos, y por supuesto también los nuestros, y sus consecuencias.
Un ejemplo y sus consecuencias
Un ejemplo, el tan mentado RIGI, un régimen de excepción para grandes inversiones con significativas, enormes ventajas impositivas para quienes se acojan al mismo, hasta ahora solo para petróleo, minería y energía. El mismo Caballo reiteradamente ha reclamado que se aplique a todas las actividades económicas, porque si no la desigualdad es insostenible y crea ganadores y perdedores por una intervención del estado.
Acá en Mendoza, si un empresario vitivinícola quiere importar una máquina para su actividad tiene que pagar sobre su precio entre un 40/50% de impuestos, mientras que el que se acogió al RIGI no paga nada. ¿Por qué esa diferencia?
Las intervenciones del estado originan ganadores y perdedores, si, es así. El tema entonces es analizar cada intervención para ver a quién beneficia, a los más, o a los muy menos, como en el caso del RIGI.
El samaritano del evangelio fue bueno porque se paró a ayudar el desvalido, podría haber aprovechado y sacarle lo poco que le quedaba, o seguir de largo, y entonces hubiera seguido siendo samaritano, pero no “el buen samaritano”.
Cuál es entonces el modelo que queremos para nuestra argentina, si, ya sabemos, es un tema complejo, si, muy complejo, pero central porque cuando se habla de perdedores como consecuencia de las políticas económicas, se está hablando de personas, el empresario que pierde su empresa y en vez de ir de vacaciones a Miami tendrá que ir a Valle Grande en San Rafael, pero también del viñatero que no tiene para podar, porque su uva no valió y tendrá que mal vender su propiedad y transformarse en un pobre cuenta propista de no se sabe qué, y por fin el trabajador, que no podrá pagar su alquiler y termina en un pariente, en la villa, o en la calle.
No se trata de una guerra entre quienes piensan distinto, sino en cómo, con toda su complejidad, se construye un país y la vida de su gente.