"Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza." JD Perón
Hoy, 9 de Julio, recordaremos 1816 y 1947. Pero la pregunta no es qué firmaron aquellos congresales, sino qué idea de Nación y de Hombre hicieron posible aquellas declaraciones. Una pregunta más urgente que nunca, porque hoy discutimos candidaturas antes que proyectos, liderazgos antes que destinos, como si el poder fuera un fin en sí mismo.
Se nos infiltró una lógica que no es peronista: medir el éxito por los cargos conquistados y no por las comunidades construidas; hablar de encuestas y no de doctrina; de poder y no de servicio. Cuando eso ocurre, empezamos a mirar la realidad con ojos ajenos. Ésa también es una forma de dependencia.
Nuestra doctrina nació para evitar dos reduccionismos: el liberalismo, que absolutiza al individuo y reduce la vida social a la competencia; y el colectivismo, que diluye a la persona en la masa. El peronismo puso en el centro a la persona humana: libre, digna, responsable, llamada a realizar una vocación dentro de una comunidad. Allí aparece la Comunidad Organizada, no como un esquema administrativo, sino como una sociedad donde Estado, familias, trabajo y organizaciones cumplen funciones complementarias para que cada uno desarrolle sus talentos al servicio del bien común.
La Justicia Social no es dar lo mismo a todos -eso consolida la desigualdad-, sino equidad: organizar la comunidad para que nadie frustre su vocación por la pobreza. Pero la equidad es solo una consecuencia. El centro es la dignidad de la persona, que exige bien común; el bien común reclama solidaridad; la solidaridad necesita subsidiariedad. Por eso Perón afirmó que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza: no era una frase política, era una definición antropológica y cristiana.
1816 y 1947 hablan de la misma lucha: un pueblo dueño de su destino. El pueblo entendió aquella disyuntiva: Patria o Colonia. No era una consigna electoral, sino doctrinaria. Porque una Nación empieza a perder su independencia cuando entrega su manera de pensar, cuando abandona sus categorías para interpretar la realidad con conceptos ajenos. Y eso vale también para nosotros: cada vez que el peronismo reemplaza la doctrina por el marketing y el servicio por la ambición, empieza a colonizarse desde adentro.
La Independencia Económica de 1947 fue la consecuencia lógica de esa visión. Si la persona se realiza trabajando, si la familia es el núcleo de la comunidad y el bien común está por encima del lucro, entonces la economía no puede quedar sometida a intereses ajenos al destino nacional. Perón fue a Tucumán a afirmar que un pueblo solo realiza su destino cuando organiza su economía en función del hombre y no del mercado.
La independencia que todavía nos debemos es, en definitiva, cultural: recuperar la capacidad de pensar la Argentina con cabeza propia. La dependencia comienza mucho antes que la deuda: comienza cuando dejamos de preguntarnos qué necesita el hombre para vivir con dignidad y empezamos a preguntarnos únicamente quién administra el poder. Mientras no volvamos a empezar por ahí, seguiremos discutiendo quién conduce una comunidad que ha olvidado hacia dónde quiere ir.
Por Rafael Moyano