Oscar Sagás
Más allá de las vacunas... fortalecer una de las políticas públicas más exitosas de la Argentina
"Las vacunas nunca dejaron de funcionar. La pregunta es si nuestros sistemas de salud siguen siendo igual de eficaces para hacerlas llegar a quienes las necesitan", afirma el autor de la columna.Durante décadas, la vacunación fue una de las políticas públicas más eficaces, equitativas y silenciosas de la Argentina. Hoy, el descenso y la desigualdad de las coberturas no sólo aumentan el riesgo de que regresen enfermedades prevenibles: también revelan las dificultades del sistema sanitario para sostener la prevención, seguir a las personas y transformar los recursos disponibles en resultados concretos.
Las vacunas nunca dejaron de funcionar. La pregunta es si nuestros sistemas de salud siguen siendo igual de eficaces para hacerlas llegar a quienes las necesitan. Pocas políticas públicas han tenido un impacto tan profundo en la salud de la población como la vacunación. Gracias a ella, enfermedades que durante siglos provocaron epidemias, discapacidad y miles de muertes dejaron de representar una amenaza cotidiana. La Organización Mundial de la Salud estima que, en los últimos cincuenta años, las vacunas han salvado más de 154 millones de vidas. Pocas intervenciones sanitarias pueden mostrar un beneficio comparable.
Curiosamente ese mismo éxito las volvió casi invisibles. Cuando las enfermedades desaparecen, también disminuye la percepción del riesgo y la vacunación deja de ocupar un lugar central en la agenda pública. Sin embargo, los virus y las bacterias no desaparecen porque dejemos de hablar de ellos. Permanecen controlados mientras las coberturas se mantienen elevadas y reaparecen cuando esa protección comienza a debilitarse.
Los brotes recientes de sarampión registrados en distintos países recuerdan una realidad que parecía superada. La Organización Panamericana de la Salud viene advirtiendo que, aunque las coberturas muestran una recuperación tras la pandemia, gran parte de los países de la región todavía permanece por debajo del 95 % necesario para evitar la circulación sostenida de la enfermedad.
El desafío, por lo tanto, ya no es científico: es organizacional. Argentina refleja esa misma tensión. El Calendario Nacional de Vacunación continúa siendo uno de los más completos y gratuitos del mundo y, en los últimos años, algunas coberturas comenzaron a recuperarse. Sin embargo, numerosos esquemas permanecen por debajo de las metas recomendadas, especialmente en las segundas dosis y en los refuerzos. Mendoza no escapa a esta realidad: los registros oficiales muestran avances, pero también diferencias importantes entre la primera y la segunda dosis de algunas vacunas del calendario, una señal de que iniciar un esquema resulta más sencillo que lograr que las personas lo completen.
La pregunta, entonces, no es si las vacunas funcionan. La evidencia científica sobre su eficacia es contundente. La verdadera pregunta es otra: ¿por qué, disponiendo de vacunas seguras, gratuitas y efectivas, todavía no logramos que lleguen oportunamente a todas las personas que las necesitan?
Responder ese interrogante obliga a mirar más allá de las vacunas y dirigir la atención hacia el funcionamiento del sistema de salud. Porque una vacuna almacenada en una cámara de frío representa un enorme logro científico, pero un beneficio sanitario nulo. Solo protege cuando llega a la persona indicada, en el momento oportuno y con el esquema completo. La diferencia entre ambas situaciones no la marca la ciencia, sino la capacidad de organización, seguimiento y gestión.
La vacunación es mucho más que un programa de inmunizaciones: es uno de los mejores indicadores del funcionamiento del sistema sanitario. Cuando las coberturas descienden, el problema rara vez está en las vacunas; suele revelar dificultades más profundas de organización, continuidad de los cuidados, comunicación y gestión.
Durante años se explicó la caída de las coberturas casi exclusivamente por la desinformación o la desconfianza. Si bien esos factores existen y deben ser abordados, resultan insuficientes para explicar el fenómeno. En un país donde las vacunas son gratuitas y forman parte de una política pública consolidada, las principales barreras suelen encontrarse dentro del propio sistema.
Vacunar no consiste únicamente en disponer de dosis. Requiere identificar oportunamente a quienes deben recibirlas, garantizar el acceso, registrar cada aplicación, convocar a quienes no completaron sus esquemas y sostener ese seguimiento a lo largo del tiempo. Cuando alguno de esos eslabones se debilita, las coberturas comienzan a descender aunque las vacunas sigan disponibles.
Por eso, los sistemas de inmunización más eficaces no se distinguen solamente por la calidad de sus vacunas, sino por la calidad de su organización. Integran información, atención primaria, equipos de salud y estrategias territoriales capaces de llegar activamente a la población, especialmente a quienes enfrentan mayores dificultades de acceso.
Argentina cuenta con fortalezas importantes: un calendario amplio, profesionales capacitados y una extensa red de vacunatorios. Pero esos recursos necesitan una gestión capaz de transformarlos en coberturas efectivas y sostenidas.
La experiencia demuestra que muchas oportunidades perdidas de vacunación no se producen porque las personas rechacen las vacunas, sino porque el sistema no logra acompañarlas durante todo el proceso. Un cambio de domicilio, horarios poco accesibles, dificultades para obtener turnos, registros fragmentados o la ausencia de recordatorios pueden ser suficientes para interrumpir un esquema que había comenzado correctamente.
Las preguntas relevantes, entonces, dejan de ser exclusivamente biomédicas para convertirse en preguntas de gestión. ¿Quién identifica al niño que no regresó para recibir su segunda dosis? ¿Qué sistema alerta cuando un adolescente no completa su calendario? ¿Cómo se integran los registros entre los distintos efectores? ¿Qué estrategias permiten recuperar a quienes quedaron fuera del seguimiento?
Responder estos interrogantes exige fortalecer la atención primaria, mejorar los sistemas de información, integrar los equipos de salud y consolidar una gobernanza que articule el trabajo entre la Nación, las provincias y los municipios. La vacunación es una responsabilidad compartida y requiere que cada nivel del sistema cumpla un papel definido para que nadie quede excluido de una de las intervenciones sanitarias más efectivas de la medicina moderna.
Fortalecer la vacunación exige, por lo tanto, una mirada que trascienda las campañas estacionales. Requiere consolidar sistemas de información interoperables, recuperar activamente a quienes interrumpieron sus esquemas, ampliar horarios y puntos de vacunación, fortalecer los equipos de atención primaria y desarrollar estrategias de comunicación que generen confianza. Pero, sobre todo, exige una decisión política sostenida para que la prevención ocupe un lugar prioritario en la organización del sistema sanitario.
La experiencia internacional demuestra que los países que mantienen coberturas elevadas no son necesariamente los que cuentan con más recursos, sino aquellos que convierten la vacunación en una política permanente, integrada a la atención cotidiana y respaldada por una gestión capaz de anticiparse a los problemas antes de que reaparezcan enfermedades que se creían controladas. Argentina dispone de una base sólida para hacerlo. Cuenta con uno de los calendarios de vacunación más completos del mundo, con profesionales altamente capacitados y con una larga tradición en políticas de inmunización. El desafío consiste ahora en fortalecer aquello que conecta esos recursos con las personas: la organización, la continuidad del cuidado y la capacidad de seguimiento.
En Mendoza, esta realidad representa también una oportunidad. La provincia posee experiencia técnica, equipos comprometidos y una red sanitaria con capacidad para avanzar hacia modelos de gestión más integrados. Consolidar registros nominalizados, profundizar el trabajo territorial, mejorar la articulación entre los distintos niveles de atención y utilizar la información para identificar tempranamente las brechas de cobertura permitiría no solo mejorar los indicadores de vacunación,sino también fortalecer otras estrategias preventivas que enfrentan desafíos similares.
En definitiva, la vacunación constituye mucho más que una herramienta para prevenir enfermedades infecciosas. Es una expresión concreta de la capacidad de un sistema de salud para llegar a tiempo, acompañar a las personas y sostener políticas públicas que han demostrado, durante décadas, su enorme valor sanitario y social.
Fortalecer la vacunación no significa únicamente aplicar más dosis. Significa construir un sistema de salud capaz de acompañar a las personas a lo largo de toda su vida, sostener políticas públicas más allá de los cambios de gestión y transformar el conocimiento científico en resultados concretos para la población. Porque las vacunas siguen siendo una de las herramientas más poderosas de la medicina; el desafío es que el sistema tenga la misma fortaleza para hacerlas llegar, a tiempo y sin excepciones, a quienes más las necesitan.
Por Oscar Sergio Sagás Médico especialista en Medicina Interna. Ex subsecretario de Salud de Mendoza.
Fuentes consultadas
* Organización Mundial de la Salud (OMS). Immunization Agenda 2030 y actualizaciones sobre
cobertura mundial de vacunación.
* Organización Panamericana de la Salud (OPS). Informes sobre coberturas de vacunación y
vigilancia epidemiológica en la Región de las Américas.
* UNICEF. Informes sobre inmunización infantil y cobertura vacunal global.
* Ministerio de Salud de la Nación Argentina. Calendario Nacional de Vacunación, estadísticas
oficiales de coberturas y datos del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentina (SISA).
* Ministerio de Salud y Deportes de Mendoza. Informes provinciales sobre inmunizaciones, vigilancia
epidemiológica y estrategias de recuperación de coberturas.
